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28/7/09

ODIO EL VERANO:



Si como lo oyes, sabiéndome un bicho raro, no me gusta para nada el periodo estival.

Es el calor, los olores, la “obligación” de hacer lo que los demás nos imponen en estas fechas es lo que me toca mas las narices, ya he comentado en el blog, que la playa no es precisamente el sitio donde a uno le gusta estar, pero la otra opción que seria la piscina es casi peor, si me apuras.

Soy un tipo al que le gusta la monotonía, saber cada día lo que va a pasar, desde que me levanto y no estar sometido a la tiranía de cómo estará ese día el cielo.

Comprendo que soy un bicho raro, a mi me gusta el frío, un buen abrigo y después de un paseo, regresar a casa para dar buena cuenta de una comida caliente.

Debe tener que ver algo, mis genes nórdicos, pero el calor me resulta agobiante y difícil de combatir.

Para mi las mejores estaciones del año son el Otoño y la primavera, ambas son estupendas para disfrutar del campo, la primera nos regala un surtido de ocres infinitos y la segunda esta plagada de aromas y colores.

El verano sin embargo en Castilla es seco, inhóspito en extremo, es tal la aridez de los campos, que a las 4 de la tarde no vuelan ni los pájaros.

Vivimos en una estepa, desertizada en tiempos pasados, lo que hace que los pinares que rodean Valladolid, sean el único pulmón del que nos abastecemos de aire limpio, y es que aquí lo único verde es la lechuga de las ensaladas.

A mi me va mas el clima del cantábrico, un poco mas fresquito, que es bueno para dormir y para abrir el apetito.

Lo dicho que el verano, para el que le guste yo me quedo con el frío del invierno.

8/4/08

Palencia:


He conocido valles entre montañas, tierra de viejos robles que la historia dejo olvidados.
Minas en tus entrañas, que extraían tu sangre negra y brillante.
Son tus campos de trigo en verano, el orgullo de larga tradición.
Las ermitas que coronan tus montes, han visto pasar a los hombres. Hechas de piedra recia, de nuestra historia nos hablan.
Palencia te presento humildemente mis respetos. Por tu extraordinaria riqueza, empezando por sus gentes y terminando por tus montañas.
Todavía oigo soplar el norte, que me hiela la sangre de emoción.
Sueño pasear por la ribera del Pisuerga, entre chopos al atardecer de verano, disfrutando de la melodía del agua que se desliza cantando.
Miles de aromas pueblan mi mente, olor a galletas de Aguilar de Campoo, olor a campos de cereal. Olor a bosque en Brañosera y a carbón en Barruelo de Santullan.
Añoro dormirme bajo un roble, mientras contemplo una ardilla que recorra sus ramas.
Es la tierra palentina lugar de obligada visita, sino tuviste la suerte de conocer esta tierra, amigo no pierdas tiempo que vida la es un suspiro y hay cosas que uno no debe perderse...