
La pregunta del millón, no es si esos 150.000 votantes son antitaurinos, sino si son antiespañoles.
La polémica no es nueva, algunos amparándose en el derecho de los toros a no ser maltratados (se ve que no han pisado un matadero en su vida) quieren substraer el derecho legitimo de los que disfrutan con los toros.
El tema es tan importante, aunque a priori parezca menor, que lo que durante años la Izquierda independentista ha tratado de conseguir, esta a punto de suceder.
El régimen de apartheid que promueven los cachorros de ERC, no solo ataca los toros de chapa que pueblan todo el territorio nacional, sino que quieren barrer todo vestigio de lo que suene a español, quizás lo próximo sea perseguir el flamenco, por incitar a las masas al baile jondo.
Yo particularmente no soy un amante de los toros, ni me gusta la fiesta en particular, pero reconozco que forma parte de nuestra tradición y debe ser respetado como cualquier otra actividad cultural.
El toro bravo es por naturaleza, una especie en peligro de extinción, de no haber sido perpetuada por los ganaderos para las corridas de toros, seria un vestigio de nuestra antigua fauna.
La libertad individual empieza a ser un bien escaso en algunas zonas de nuestra geografía, el estado autonómico promociona el caciquismo más intolerante y radical, para los que piensan distinto.