Hay cosa que desde la distancia parecen imposibles, por ejemplo. Si a alguien le dicen ahora que en el colegio hay una plaga de piojos, seguramente no se lo creyera, pero cuando yo era un crió había temporadas que nos tocaba el “filbit o champú para piojos”. Todavía recuerdo el anuncio, que lo daban por la televisión y todo, menos mal que eso paso a la historia.
A mi me decían que por ser pelirrojo, los piojos no me iban a la cabeza y yo me lo creía…
Recuerdo que en el colegio nos daban leche en bolsas, por que decían que había que reforzar el calcio y ala todos tomando leche antes de salir al patio. El recreo era sinónimo de sociedad se formaban los corrillos para hablar, los deportistas se ponían a jugar al fútbol, las niñas a la goma y siempre había algún solitario. Las peleas se producían con mucha facilidad, pero nunca pasaban de unos empujones.
Los profesores eran “semi dioses”, había que tenerlos mucho respeto por que una llamada a casa podía suponer unas galletas extras…
Yo siempre saque malas notas por que me despistaba con una mosca y siempre me tocaron los “…” los empollones. Siempre la misma cantinela llegaban las vacaciones y las tan temidas notas que te las arruinaban. Podía haber estudiado y seguramente me hubiese ido mucho mejor, pero odiaba estar frente al libro y aprenderme cosas que consideraba inútiles (algunas las sigo considerando así), la historia, la geografía eran cosas que merecía la pena aprender pero las matemáticas, que clase de persona se pone a calcular una ecuación en su vida diaria…
Cuando recuerdo aquellos días me doy cuenta de lo feliz que se puede ser en la ignorancia, sin más problemas que no tener dinero para gominolas, o esperar un cate en mates.
Ahora esta de moda el acoso escolar, dicen que los mayores abusan de los mas pequeños. Pero eso siempre existió lo único que tenias que hacer era enfrentarte con los gallitos y aprender a valerte por ti mismo. Si tenias la suerte de tener un hermano mayor todo era mas fácil (yo por desgracia tenia una hermana) a si que, tocaba encajar hasta que crecieses y empezases a repartir.
Pedrulo Maturulo.
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15/1/08
CRONICAS DEL COLEGIO:
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11/1/08
CRONICAS DEL BARRIO:
Yo me crié en un barrio de una gran ciudad, de esas en las que nadie quiere vivir.
Recuerdo que cuando era un crió solía bajar a la calle a jugar con los amigos. Pronto me toco aprender que fuera de mi casa estaba solo y la ley que imperaba a pie de asfalto no era justa ni tenia por que gustarte.
En el barrio los gallitos llevaban la voz cantante y si te equivocabas una coma te daban hasta en el cielo la boca.
Solíamos jugar al fútbol en medio de la calle y recuerdo que pasaba un coche cada media hora, te apartabas un poco y seguías jugando (cuesta imaginar ahora poder jugar en medio de la calle al fútbol), no teníamos campos de césped ni porterías y recuerdo que lo mas parecido a un campo de fútbol era un campo de tierra con dos porterías de hierro oxidadas al lado del rió.
Nuestro barrio estaba rodeado por otros mucho mas “chungos” y eso suponía que de vez en cuando nos visitasen los vecino a robarnos los cromos las pulseras, relojes o partirte la cara para sentirse mas realizados.
De crió aprendí que los puños te daban independencia y seguridad. Y todo eso de hablar y negociar esta muy bien, pero te parten la cara cuando tienes 10 años y eso no se te olvida nunca.
La calle te enseña que puedes o te pueden. En el colegio me toco una clase de “angelitos” todos repetidores y que su único objetivo era salirse del colegio cuanto antes para quien sabe que cosas… Por lo que no me quedo mas remedio que ganarme las lealtades a puñetazos y cobrar lo mío.
Cundo no apetecía jugar al fútbol solíamos entrar en casas “abandonadas” actividad esta muy peligrosa que y nos dio algun que otro susto. También me gustaba encender hogueras, pero tenía el inconveniente de que mi madre posee un olfato de can y nada mas entrar en casa ya tenia la zapatilla encima de mi cabeza.
Pedrulo maturulo continuara…
Recuerdo que cuando era un crió solía bajar a la calle a jugar con los amigos. Pronto me toco aprender que fuera de mi casa estaba solo y la ley que imperaba a pie de asfalto no era justa ni tenia por que gustarte.
En el barrio los gallitos llevaban la voz cantante y si te equivocabas una coma te daban hasta en el cielo la boca.
Solíamos jugar al fútbol en medio de la calle y recuerdo que pasaba un coche cada media hora, te apartabas un poco y seguías jugando (cuesta imaginar ahora poder jugar en medio de la calle al fútbol), no teníamos campos de césped ni porterías y recuerdo que lo mas parecido a un campo de fútbol era un campo de tierra con dos porterías de hierro oxidadas al lado del rió.
Nuestro barrio estaba rodeado por otros mucho mas “chungos” y eso suponía que de vez en cuando nos visitasen los vecino a robarnos los cromos las pulseras, relojes o partirte la cara para sentirse mas realizados.
De crió aprendí que los puños te daban independencia y seguridad. Y todo eso de hablar y negociar esta muy bien, pero te parten la cara cuando tienes 10 años y eso no se te olvida nunca.
La calle te enseña que puedes o te pueden. En el colegio me toco una clase de “angelitos” todos repetidores y que su único objetivo era salirse del colegio cuanto antes para quien sabe que cosas… Por lo que no me quedo mas remedio que ganarme las lealtades a puñetazos y cobrar lo mío.
Cundo no apetecía jugar al fútbol solíamos entrar en casas “abandonadas” actividad esta muy peligrosa que y nos dio algun que otro susto. También me gustaba encender hogueras, pero tenía el inconveniente de que mi madre posee un olfato de can y nada mas entrar en casa ya tenia la zapatilla encima de mi cabeza.
Pedrulo maturulo continuara…
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