Hace unos días hoy comentar a un contertulio en una radio, que España nunca debió dejar de ser un país agrícola. En principio esta afirmación puede parecer un exceso, dado que hoy nadie quiere trabajar en el campo y esa es la principal razón para que tengamos un número tan extraordinario de inmigrantes.
Cuando entramos en el mercado europeo, tuvimos que pagar un alto precio en este sentido y hoy todavía seguimos haciéndolo, pero ¿es España un país agrícola?
Si nos fijamos en Andalucía o Extremadura, Castilla la Mancha, evidentemente el campo es el motor de estas economías, lejos de competir en otros mercados, nuestros productos agroalimentarios son de primera calidad, lo que no quiere decir que sean los más competitivos en un mundo tan global.
A España le ha pasado un poco lo que a un nuevo rico, que rápidamente se ha olvidado de donde venimos y se ha optado por vivir en ciudades con un modelo de desarrollo insostenible.
Pongamos como ejemplo Castilla León que es donde yo resido, aquí todos los años se quedan sin sembrar infinitos campos por las normativas europeas, el trigo se produce en otros países más baratos, independientemente de que quizás nuestra calidad sea mucho mejor. Por eso Europa se tiene que mirar el ombligo y darse cuenta de que subvencionando infraestructuras pero estrangulando nuestro principal recurso, solo se consigue empobrecer a la larga al país. El modelo del ladrillo se ha detenido y como un castillo de naipes ha caído, dejando millones de trabajadores en paro.
Me pregunto que hubiera pasado si hubiésemos apostados por productos agrícolas de calidad, optimizando su producción de una manera racional, y apostando por el mundo rural, quizás ahora no estaríamos padeciendo los excesos de la opulencia de la que durante tanto tiempo se ha hecho gala en este país.
El mundo rural ofrece una calidad de vida excelente, solamente mermada por los servicios públicos que siempre han apostado por las ciudades y no han sabido cubrir las demandas de esta población.
Quizás no a muy largo plazo, tengamos que debatir entre los europeos que queremos ser, una llena de países importadores o de exportadores, pudiendo ofrecer productos de mucha calidad en detrimento de los de bajo coste y muy mala calidad procedentes de China.